¿Qué hay que hacer cuando un miembro de la familia es difícil?

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La familia es una de las instituciones sagradas e importantes de la vida de cualquier persona. Es ese sustento emocional, amoroso, sentimental, que resulta necesario en la vida de todos los seres humanos.

Sin  embargo como en toda relación, también tiene momentos difíciles que hacen tambalear el perfecto equilibrio para su sano desarrollo. Esto es, aquellos miembros que pudieran ser difíciles a tal punto que pudieran ser tóxicos.

La familia puede ser vista como un ecosistema donde conviven muchas especies de distintas personalidades, formas, y caracteres. Esta versatilidad a veces, causa que muchos conflictos surjan del choque entre distintas formas de ser y distintas visiones sobre un tema.

Todo esto se da dentro de una familia sana y es completamente normal, pero el problema radica cuando estos conflictos van más allá de cualquier límite de respeto y amenazan con atentar la unión familiar.

Cuando una situación similar se presenta, lo mejor es alejarse de esos miembros “tóxicos” o en su defecto, alejar a esos miembros lejos del ecosistema familiar. Aunque se trate de una de las decisiones más difíciles en la vida de cualquier persona, será una decisión necesaria para no ahondar en heridas y en situaciones de irrespeto que hieran la dignidad de cualquiera.

Semana.com relata en un artículo una fábula que retrata perfectamente la situación antes descrita, se trata de la fábula de la familia del puercoespín: “Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío. Los puercoespines dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados. Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas del otro”.

Esto no está alejado de la realidad y es el día a día de muchas familias. Cuando se produce cercanía en todos los miembros, todos vienen con espinas ya predeterminadas por lo que, cuando se produce esta cercanía, los otros miembros son lastimados y los que están más cerca, resultan más heridos.

La idea es aunque resulte doloroso, acercarse al otro con mucha sabiduría y comprensión. Sin embargo, si el límite del dolor es insostenible, lo mejor es mantener la distancia con mucha cautela, es como alejar o alejarse de ese miembro tóxico pero sin desaparecer de su vida para siempre.

Hay que entender que la percepción del mundo es totalmente distinta para cada miembro de la familia. En ese sentido, todos los miembros del mismo núcleo familiar, podrían recibir la misma educación, amor, y el mismo cuidado y atención pero aun así tomar caminos distintos. Aunque resulte doloroso, es importante destacar que cuando se percibe en el entorno a una o varias personas dentro de un mismo núcleo familiar que no actúen como lo que “se espera” no se debe a que sean malas o buenas personas sino que simplemente tienen visiones distintas y experiencias vividas diferentes que hacen que actúen de esa manera.

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Entendiendo y comprendiendo a ese familiar “difícil”

Como todo hay un límite, siempre y cuando la conducta de ese familiar que se considera “difícil” es todavía salvable, es recomendable en primera instancia, comprender el entorno en que vivió y las experiencias que obtuvo en ese proceso de aprendizaje.

En lugar de aumentar la frustración o desesperación lo mejor es comprender y entender para poder llegar al fondo del asunto y tratar de hallar una solución antes de discutir o comenzar un problema con esa persona.

Se trata de un proceso de desapego que implica desprenderse de toda conducta prejuiciosa, de todo recuerdo que se pueda tener de ese familiar y por último de ponerse en su lugar para tratar de curar las heridas.

Pero, si esta persona sigue con estas conductas dañinas y estas amenazan con atentar contra la tranquilidad del grupo familiar lo mejor es aceptar que se pudo hacer lo que se encontraba en las manos y de ser posible buscar ayuda psicológica.

Si aun así, tampoco se logra una sana convivencia, lo mejor es alejarse o alejar a ese miembro de una manera muy sutil, es en otras palabras dejar que ese familiar tenga la libertad de actuar como desee.

Aprender a ser asertivo con la familia implica también determinar cuándo un miembro es difícil y cuando podría causar daños al entorno familiar. Fijar límites, hacerle saber siempre a esa persona el amor que se siente por ella pero también hacerle saber las razones del posible alejamiento, son claves fundamentales para tratar con ese familiar “difícil” y no sufrir en el intento.

Fuente: semana.com

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